Carlos Bojórquez Robles | 21 de mayo de 2026.
El GCMA advierte que el comportamiento importador de México seguirá estrechamente ligado a la evolución de la demanda pecuaria, la capacidad instalada de la industria procesadora, el tipo de cambio y los precios internacionales.
Las importaciones mexicanas de granos crecieron 6.8% en el primer cuatrimestre de 2026, con el maíz como principal motor y una dependencia externa aún elevada.
El aumento en las importaciones mexicanas de granos y oleaginosas durante el primer cuatrimestre de 2026 vuelve a poner sobre la mesa una realidad estructural para el sector agroalimentario: la producción nacional sigue sin crecer al mismo ritmo que la demanda interna, particularmente la impulsada por la industria pecuaria y procesadora. En un estado agrícola como Sinaloa, principal productor nacional de maíz blanco, la tendencia también abre interrogantes sobre competitividad, logística y seguridad alimentaria.
Niveles elevados
De acuerdo con información del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), México importó 15.92 millones de toneladas de granos y oleaginosas entre enero y abril, un incremento de 6.8% respecto al mismo periodo de 2025. En términos de valor, las compras alcanzaron 5,011 millones de dólares, 3.4% más.
Aunque las cifras permanecen por debajo de los niveles extraordinarios registrados en 2024, el organismo señala que no se trata de una disminución de la dependencia externa, sino de una estabilización en niveles elevados y un ajuste en inventarios y ciclos de compra.
El maíz continuó como el principal producto importado. Durante el periodo ingresaron 8.2 millones de toneladas, un aumento de 10.1%, equivalente a poco más de la mitad del total de granos adquiridos por México en el exterior.
El dato resulta especialmente relevante para Sinaloa. Aunque el estado lidera históricamente la producción nacional de maíz blanco, el GCMA explica que el crecimiento de importaciones de esta variedad no necesariamente refleja una incapacidad productiva nacional. La razón obedece también a criterios logísticos: abastecer regiones del sureste, noreste y la península de Yucatán mediante importaciones que llegan por puertos del Golfo puede resultar más barato que trasladar grano producido en el noroeste o el Bajío.
Las importaciones de maíz blanco crecieron 22.2% en volumen y 25.2% en valor durante el primer cuatrimestre.
El reporte también muestra una mayor demanda de insumos vinculados a la alimentación animal. El complejo de soya registró un crecimiento de 16.2%, mientras que la pasta de soya aumentó casi 30%, impulsada por la industria de alimentos balanceados para ganado.
En contraste, algunos productos mostraron retrocesos. El trigo disminuyó 8.7% en volumen, mientras que frijol y avena registraron caídas más pronunciadas.
El GCMA advierte que México mantiene un índice de seguridad alimentaria de 44%, lo que significa que una parte importante del abastecimiento sigue dependiendo del exterior. Para estados productores como Sinaloa, el desafío podría concentrarse no sólo en aumentar rendimientos, sino en fortalecer infraestructura, eficiencia logística y capacidad de integración industrial para reducir costos y mejorar la competitividad frente a los flujos internacionales de granos.
“En granos y oleaginosas, México importa el 56% de lo que consumimos, ya que la producción no aumenta al mismo nivel que el consumo. Por ello, México es el segundo importador mundial. En maíz amarillo, México es el mayor importador mundial. Y también en maíz blanco, que aunque somos autosuficientes, la importación es al sureste y la península, es más competido por el maíz blanco de Estados Unidos no genéticamente modificado”, señaló Juan Carlos Anaya, director general del GCMA.
Fuente: Debate