Yeshua Ordaz; Giselle Soriano | 08 de abril de 2026
La guerra en Medio Oriente ha dejado de ser un riesgo energético y ha escalado a una amenaza directa a la seguridad alimentaria global. El mercado de fertilizantes, en particular la urea, atraviesa un choque simultáneo de oferta y precios que ya comienza a trasladarse a los alimentos.
El detonante se le atribuye a las interrupciones en el suministro de gas natural en el Golfo Pérsico y un repunte acelerado en los precios energéticos, que han elevado los costos de producción agrícola a nivel mundial.
De crisis logística a shock de precios
Los datos más recientes confirman la magnitud del fenómeno, pues en marzo, el índice global de fertilizantes registró un aumento de 26.2 por ciento mensual, mientras que la urea —el fertilizante más utilizado en el mundo— se disparó 53.7 por ciento, pasando de 472 a más de 725 dólares por tonelada (alrededor de 12 mil 646 pesos mexicanos).
A inicios de abril, las cotizaciones internacionales se mantienen por encima de los 700 dólares, niveles no vistos desde la crisis de 2022, consolidando un escenario de presión sostenida sobre el sector agrícola.
Este salto marca un punto de inflexión al exponer que el problema ya no es únicamente la disponibilidad del insumo, sino su costo, que se ha convertido en un factor inflacionario global.
Energía: el factor que amplifica la crisis
El encarecimiento de los fertilizantes está directamente vinculado al mercado energético. En marzo:
- El índice de energía subió 41.6 por ciento.
- El gas natural en Europa aumentó 59.4 por ciento.
- El petróleo superó los 100 dólares por barril.
Dado que la producción de urea depende del gas natural, el incremento en energía no solo eleva los costos, sino que limita la operación de plantas, especialmente en Europa y Asia. A la presión de precios se suma un riesgo creciente de interrupciones productivas.
El Golfo Pérsico concentra cerca del 34 por ciento del comercio mundial de urea y el 23 por ciento del amoníaco. La paralización parcial de instalaciones en Qatar, clave en la exportación global, y la tensión en el estrecho de Ormuz, por donde fluye alrededor del 35 por ciento de la urea mundial, han creado un cuello de botella crítico, expone CRU Consulting.
En paralelo, la ausencia de China del mercado exportador hasta al menos mayo de 2026, para priorizar su mercado interno, ha reducido aún más la oferta disponible. El resultado es un mercado más estrecho, volátil y expuesto a episodios de escasez física en los próximos meses.
México: alta exposición y presión inmediata por importación de fertilizantes
Para México, el panorama también es de exposición, ya que el país importa más del 70 por ciento de los fertilizantes que consume.
Según datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), solo en el primer bimestre de 2026, las importaciones de fertilizantes crecieron un 34.1 por ciento, confirmando la dependencia de un mercado global sumamente volátil.
Los precios en el mercado nacional reflejan el impacto directo del conflicto iniciado en febrero. La urea pasó de 9 mil 550 a 14 mil 10 pesos por tonelada, un alza del 46.7 por ciento; el fosfato diamónico se disparó un 57.2 por ciento, llegando a los 21 mil 40 pesos; y el fosfato monoamónico subió un 53.6 por ciento, cotizando en 21 mil 500 pesos.
El presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Jorge Esteve Recolons, advirtió que el cierre del Estrecho de Ormuz, vía por la que transita el 35 por ciento de la urea mundial, tiene un efecto inmediato en el agricultor mexicano.
«Al agricultor no le va mejor cuando los precios suben; sus márgenes se reducen porque los insumos representan hasta el 60 por ciento de su costo de operación», señaló.
El efecto dominó llega a la canasta básica
La crisis de los fertilizantes se traduce en últimos términos en un aumento en los precios de todos los alimentos que llevamos a la mesa.
El despacho León Barrena Abogados and Partners destacó que México es especialmente sensible debido a su dependencia del maíz importado de Estados Unidos. Cualquier reducción en la producción estadounidense por falta de fertilizantes «baratos» se traduce en mayores costos de alimento para animales.
El despacho señaló que se espera que este shock inflacionario se refleje en dos etapas: una a finales del segundo trimestre de 2026, con un alza en los precios de aves de corral, huevos y cerdo; y ya entrado el tercer trimestre, la inflación alimentaria será más amplia a medida que los costos de granos y energía permeen toda la cadena de suministro.
El conflicto en Medio Oriente, el estrecho de Ormuz bloqueado y una producción de gas limitada crean las condiciones para una crisis alimentaria.
Para México, de acuerdo con The Observatory of Economic Complexity, en 2024 el país importó mil 92 millones de dólares en fertilizantes, convirtiéndose en el importador número 10 más grande de 224 en el mundo. Las importaciones provenían principalmente de Rusia, con 518 millones de dólares; Estados Unidos, 406 millones; China, 183 millones; Qatar, 170 millones; y Chile con 128 millones de dólares.
El reto para el mundo será afrontar que en un contexto de cadenas globalizadas, un conflicto en un lugar como el Oriente Medio hace que el costo de la guerra lo paguen los consumidores en los alimentos que ponen en la mesa diariamente.
Fuente: Grupo Milenio