Antonio Gaytan | 22 de marzo de 2026
El campo mexicano producirá más alimentos en 2026, pero registrará una caída en el valor de su producción de hasta 66 mil millones de pesos, de acuerdo con el informe Perspectivas Agroalimentarias 2026 del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
El diagnóstico es claro y preocupante: el problema ya no es producir, sino generar rentabilidad. La combinación de precios internacionales bajos, sobreoferta global y menor poder adquisitivo está afectando directamente los ingresos de los productores, en un contexto donde producir más no necesariamente significa ganar más.
En el desglose por cultivos, el panorama es desigual. En granos, el maíz tendrá una recuperación cercana al 9% en producción, aunque sin mejorar su rentabilidad; el trigo crecerá hasta 35% en volumen, pero con precios estancados; mientras que el frijol caerá más de 7% en producción y hasta 28% en valor. También se anticipan caídas en sorgo, con –10%, y en cártamo, con –23%, reflejo de problemas climáticos, menores incentivos y condiciones adversas de mercado.
A esto se suma la alta dependencia del mercado internacional, que mantiene presionados los precios de los granos y limita la competitividad del productor nacional, especialmente frente a países con mayor escala y subsidios.
En contraste, el sector hortofrutícola mantiene dinamismo y se consolida como el motor del campo mexicano. El aguacate crecerá alrededor de 13% en valor, el tomate podría aumentar hasta 50% pese a aranceles, y cultivos como chile verde y berries —fresa, frambuesa, arándano y zarzamora— seguirán generando alto valor, con incrementos de hasta 37% en valor, aunque con crecimientos moderados en volumen.
Durante el programa Aquí hay campo, el presidente de la Fundación Produce, Jorge Pérez, advirtió que el contexto internacional está presionando aún más al sector, particularmente por el incremento en combustibles y fertilizantes. Señaló que estos factores impactan directamente los costos de producción y podrían modificar las decisiones de siembra, especialmente en cultivos como el maíz.
Por su parte, el ex investigador Evenor Cuéllar lanzó una crítica directa al ámbito político al advertir que la incertidumbre que enfrenta el campo mexicano es consecuencia de la falta de políticas públicas. Señaló que el país ha perdido capacidad de almacenamiento e industrialización, lo que afecta la rentabilidad del sector, y cuestionó incluso el acceso a alimentos básicos en comunidades.
“Yo sí sé en dónde está el problema del campo mexicano… en los diputados, en los senadores, en nuestros políticos. No están respondiendo a las necesidades del campesino”, afirmó.
El señalamiento apunta a un problema estructural: la falta de certidumbre, planeación y estrategias de largo plazo que permitan al productor enfrentar un entorno cada vez más complejo, marcado por la volatilidad de precios, el cambio climático y los altos costos de insumos.
El comportamiento del sector pecuario también refleja contrastes. La producción de pollo crecerá cerca de 4%, pero su valor caerá alrededor de 9% por sobreoferta; en cambio, el cerdo tendrá un incremento de 12.5% en valor, mientras que la leche crecerá cerca de 10% impulsada por precios internacionales.
En el sector agroindustrial, el caso más crítico es el del agave, cuyo valor se desplomará más de 60% por sobreproducción, mientras que la caña de azúcar perderá cerca de 9% en valor. En contraste, el cacao será uno de los cultivos con mejor desempeño, con un aumento superior al 80% en valor debido a la escasez global.
A este escenario se suman factores externos como los conflictos internacionales, que han encarecido insumos clave como fertilizantes y combustibles, así como un tipo de cambio que también influye en la competitividad del sector exportador.
El análisis evidencia un campo a dos velocidades: los cultivos de exportación y alto valor avanzan, mientras los básicos pierden terreno. Esta brecha no solo define el rumbo económico del sector, sino que también incrementa la vulnerabilidad de miles de productores que dependen de cultivos tradicionales.
El mensaje es contundente: el campo mexicano no enfrenta una crisis de producción, sino de rentabilidad, planeación y política pública. Y en 2026, el reto no será producir más, sino lograr que esa producción genere valor y condiciones sostenibles para quienes viven del campo.
Fuente: Notigram
