Exaltación González | 27 de octubre de 2026.

Las expectativas de los productores de trigo y maíz en México para 2027 no son muy alentadoras ya que el incremento del presupuesto para el sector agropecuario no necesariamente se traducirá en mejores condiciones para todos los productores.
El Presupuesto de Egresos contempla una asignación de 88 mil 758.8 millones de pesos para la Secretaría de Agricultura, es decir, un aumento nominal de 17 por ciento respecto a 2026; sin embargo, detrás de este incremento existen reducciones en programas fundamentales para la producción, el suministro de fertilizantes y la comercialización de las cosechas.
Uno de los cultivos más afectados será el trigo, especialmente en Sonora y el valle de Mexicali, ya que la disponibilidad de agua constituye un factor determinante. La disminución de las reservas hídricas, los costos de producción y la rentabilidad de las cosechas han complicado la situación de los agricultores.
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas señala que la producción nacional pasó de 3.12 millones de toneladas en 2022 a 1.67 millones en 2025; ante esta situación, una recuperación en 2027 dependerá no solo de las condiciones climáticas, sino de que los productores encuentren incentivos económicos suficientes para mantener o ampliar la superficie sembrada.
En el caso del maíz, las expectativas estarán condicionadas por los costos de los insumos y las condiciones de comercialización; la propuesta presupuestaria contempla reducciones nominales de 6.6 por ciento en Fertilizantes para el Bienestar, 2.7 en Producción para el Bienestar y 19.7 en Acopio para el Bienestar, en comparación con las asignaciones de 2026.
México necesita mantener una producción nacional suficiente para atender la demanda de granos destinada al consumo humano, la industria y la alimentación animal.
En Sonora, Sinaloa y el valle de Mexicali, el gran reto está en combinar la disponibilidad de agua con esquemas de apoyo y comercialización que permitan mantener la actividad agrícola en condiciones económicamente viables; un presupuesto más elevado no necesariamente garantiza una mayor producción, también importa cómo se distribuyen los recursos, qué productores reciben los beneficios y si los programas responden a las necesidades específicas de cada región y cultivo. La gran paradoja es que mientras el presupuesto al campo aumenta, la producción agrícola disminuye.
Fuente: La Voz de la Frontera

