La silla rota: Metapa, pieza clave para recuperar el comercio ganadero entre México y Estados Unidos

José Luis Castillejos Ambrocio | 29 de junio de 2026.

La planta de producción de moscas estériles que volvió a operar en Metapa de Domínguez sirve mejor como campamento base que como línea de meta. La ceremonia del sábado devolvió al país una herramienta que durante décadas fue decisiva para contener al gusano barrenador. Lo realmente difícil empieza ahora: convertir esa capacidad científica en la recuperación del mercado ganadero. La fotografía del presídium tiene valor político; la prueba llegará cuando los becerros mexicanos vuelvan a cruzar la frontera con la normalidad previa a la emergencia sanitaria.

Ese fue, en el fondo, el mensaje compartido por los principales participantes de la inauguración. Claudia Sheinbaum defendió la cooperación entre países soberanos frente a problemas que no conocen fronteras. La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, confirmó el respaldo financiero y técnico de Washington. Julio Berdegué recordó que la biofábrica es solo una pieza de una estrategia más amplia. Y la nueva titular de la Sader, Columba López Gutiérrez, resumió el despliegue en campo: más de 5.3 millones de cabezas inspeccionadas, 84.000 cargamentos revisados, 578.000 trampas instaladas y miles de técnicos movilizados. La reapertura comercial dependerá menos de una planta que de la fortaleza del sistema sanitario.

Los datos obligan a moderar el optimismo. Hasta el 24 de junio la Secretaría de Agricultura registraba 30.522 casos acumulados, 83,5% más que en marzo, mientras la detección del primer caso en Texas desde 1966 desplazó el foco de preocupación hacia el norte. El cierre estadounidense, vigente con distintas fases desde noviembre de 2024, ha provocado pérdidas estimadas entre 700 y 1.872 millones de dólares, según la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas y el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas. Detrás de esas cifras permanecen más de un millón de cabezas sin salida comercial y miles de productores obligados a prolongar la engorda o vender en un mercado deprimido.

La historia demuestra que la cooperación funciona. La erradicación del gusano barrenador en el siglo pasado fue resultado de una estrategia sostenida entre México y Estados Unidos basada en ciencia, intercambio de información y vigilancia permanente. La reapertura de Metapa supone, en buena medida, volver a ese modelo.

La ruta más inmediata para empezar a recuperar el mercado tiene incluso nombre: Agua Prieta-Douglas. La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas plantea retomar el esquema de reapertura gradual por riesgo que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos había considerado anteriormente, comenzando por el corredor Sonora-Arizona. El argumento es técnico. El frente principal del gusano barrenador se encuentra a unos 1.287 kilómetros de Arizona, por lo que un becerro criado en un estado libre de la plaga no tendría por qué enfrentar las mismas restricciones que otro procedente de una zona con brotes activos.

Brooke Rollins fue prudente al abordar esa posibilidad. Ratificó el respaldo estadounidense, pero dejó claro que cualquier reapertura dependerá de los indicadores sanitarios. La confianza no regresará por voluntad política, sino mediante evidencia, inspecciones y resultados verificables.

Un programa piloto en ese corredor permitiría comprobarlo. Con volúmenes limitados, certificación de origen, categorías de bajo riesgo y supervisión binacional, ofrecería alivio a los productores del norte y demostraría que la regionalización sanitaria puede operar sin comprometer la seguridad zoosanitaria de Estados Unidos.

Las condiciones para intentarlo ya existen. Cada animal puede identificarse mediante el arete del SINIIGA, con trazabilidad completa sobre su origen y movilización. Sonora ha reforzado el muestreo epidemiológico y la instalación de trampas para documentar la ausencia del insecto, mientras Senasica mantiene la vigilancia en las zonas exportadoras. Berdegué insistió en Metapa en que la producción de moscas estériles solo resulta eficaz cuando se acompaña de vigilancia, trazabilidad, inspección y capacidad de respuesta. Ahí reside el verdadero desafío: la biofábrica puede disminuir la presión de la plaga, pero la recuperación del estatus sanitario seguirá construyéndose todos los días en los ranchos, los puntos de inspección y las rutas de movilización.

La experiencia también aconseja paciencia. Coahuila tardó más de quince años en recuperar las condiciones necesarias para exportar ganado, mientras Tamaulipas continúa cerrando observaciones técnicas mediante barridos epidemiológicos. Más que un calendario único, esas experiencias muestran un camino: establecer metas verificables por entidad, transparentar los avances y ofrecer certidumbre a productores y compradores.

Columba López Gutiérrez recordó que la estrategia no depende únicamente del Gobierno federal. Requiere la participación coordinada de los estados, las uniones ganaderas, los médicos veterinarios y los propios productores. La sanidad animal, por definición, es una responsabilidad compartida.

Mientras el ganado en pie permanece restringido, existe otra alternativa para reducir parte del impacto económico. El gusano barrenador no se transmite por la carne ni afecta su inocuidad, como ha reiterado la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas. Eso abre espacio para fortalecer la exportación de carne procesada en plantas Tipo Inspección Federal, ampliar la capacidad nacional de engorda y generar mayor valor agregado. No sustituye el mercado de becerros en pie, pero sí ayuda a amortiguar la caída de ingresos.

La planta de Metapa solo alcanzará su verdadero valor si deja de verse como una respuesta de emergencia y pasa a convertirse en infraestructura estratégica permanente. México dejó de producir moscas estériles cuando el problema parecía resuelto. El regreso del gusano barrenador recordó que las capacidades científicas no deberían desmontarse únicamente porque una crisis desaparezca. Mantenerlas cuesta menos que reconstruirlas.

En ese contexto adquiere mayor relevancia la coincidencia entre Sheinbaum y Rollins. Ambas defendieron la cooperación binacional como condición para enfrentar un problema compartido. La erradicación del gusano barrenador siempre fue una historia de colaboración regional y difícilmente podrá volver a serlo de otra manera.

Metapa forma parte de una red continental que incluye la planta de Pacora, en Panamá, y la infraestructura que Estados Unidos desarrolla en Texas. Alcanzar la capacidad prevista de producción permitirá a México recuperar un papel relevante dentro de esa estrategia regional.

El sur seguirá siendo decisivo. Chiapas concentra el mayor número de casos registrados, alberga la planta de producción de moscas estériles y comparte una extensa frontera con Centroamérica. Esa combinación convierte al estado en el principal frente de contención. Reforzar la vigilancia fronteriza, ordenar la movilización del ganado y mantener la atención sanitaria en las comunidades rurales protege no solo a Chiapas, sino a toda la ganadería mexicana.

Nada de ello elimina las pérdidas que enfrentan miles de productores. Los costos adicionales por tratamientos, alimentación prolongada, pruebas diagnósticas y transporte han reducido la rentabilidad, especialmente entre pequeños y medianos ganaderos. Los programas extraordinarios pueden aliviar parte de esa carga mientras el mercado recupera gradualmente su funcionamiento.

El éxito no dependerá de una sola medida. Dependerá de que la producción de moscas estériles avance al mismo ritmo que la vigilancia epidemiológica, de que la trazabilidad ofrezca confianza a los compradores internacionales, de que la cooperación entre México y Estados Unidos permanezca al margen de las coyunturas políticas y de que los productores puedan sostener la actividad durante la transición.

El día en que un embarque de becerros vuelva a cruzar por Agua Prieta con la normalidad de otros tiempos, la planta de Metapa empezará a demostrar su verdadero alcance. No será el triunfo de una ceremonia ni de una inversión aislada. Será el resultado de una estrategia sostenida en la ciencia, la cooperación y el trabajo cotidiano sobre el territorio. Porque, en sanidad animal, la confianza nunca se inaugura y, más bien, se construye.

Fuente: La silla rota

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