Emanuel Mendoza | 03 de febrero de 2026
El sector pecuario mexicano atravesó en 2025 un escenario de alta presión económica marcado por la sequía, los retos en sanidad animal y la volatilidad comercial.
Estos factores limitaron el crecimiento de la producción nacional y reforzaron la dependencia de importaciones, particularmente en proteínas clave como pollo, cerdo, leche y carne de res, según un reporte de la empresa de consultoría Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
El balance general del año mostró un desempeño desigual entre las principales cadenas productivas. En el caso del pollo y el huevo, la producción mantuvo una trayectoria de crecimiento congruente con la demanda interna.
No obstante, México se consolidó como el segundo importador mundial de carne de pollo, principalmente desde Estados Unidos, reflejo de una oferta nacional insuficiente para cubrir el consumo. En contraste, el mercado del huevo se mantuvo autosuficiente, aunque expuesto a presiones de costos y riesgos sanitarios.
En el segmento de leche, el balance continuó con saldo deficitario. La producción nacional no logró cubrir el consumo interno, lo que obligó a completar el abasto mediante importaciones, en un contexto en el que la sanidad pecuaria adquirió un papel estratégico frente a la amenaza de enfermedades y plagas con impacto productivo y comercial.
El panorama fue más crítico en el sector porcino. A lo largo de 2025, la producción de carne de cerdo se contrajo por factores sanitarios, lo que redujo la cobertura nacional a menos de 50% del consumo.
Esta situación ubicó a México como el principal importador mundial de carne de cerdo, a pesar de que los precios al productor en pie se ubicaron entre los más altos del mundo. La combinación de altos costos y mayor competencia externa presionó la rentabilidad del sector.
En la carne de res, la sequía prolongada y los efectos del gusano “barrenador” redujeron la oferta nacional, lo que impulsó los precios récord en engorda, sacrificio y carne al consumidor.
Esta dinámica estuvo alineada con las condiciones del mercado de Norteamérica, con el que México mantiene una elevada integración comercial.
El GCMA advirtió que, durante el año, la volatilidad de los mercados internacionales, los amagos arancelarios y un tipo de cambio apreciado tuvieron un doble efecto.
Por un lado, favorecieron menores costos de alimentación animal; por otro, incentivaron mayores importaciones y presionaron a las exportaciones.
Todo esto ocurrió en un entorno de bajo crecimiento económico, en el que el consumidor de menores ingresos mostró alta sensibilidad a los precios, por lo cual la sustitución entre proteínas fue limitada por factores de ingreso, cultura y región.
“El balance pecuario 2025 confirmó que los principales desafíos del sector no fueron coyunturales, sino estructurales: sanidad animal, resiliencia productiva y la necesidad de una estrategia de largo plazo para reducir la vulnerabilidad externa del abasto de proteínas en México”, aseguró el GCMA.
Fuente: Fortuna y Poder