Carlos Bojórquez | 30 de abril de 2026
El ciclo agrícola en Sinaloa comienza a mostrar señales de ajuste en plena etapa de cosecha. De acuerdo con el reporte del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), el avance en la recolección de maíz se ubica entre 15% y 20%, pero con rendimientos por debajo de lo proyectado, lo que ya impacta las estimaciones de producción estatal.
El organismo ajustó la expectativa de cosecha de 4 millones a 3.8 millones de toneladas, una reducción que confirma un ciclo más apretado para los productores. Este recorte se inserta en un contexto nacional donde se prevé que las importaciones de maíz superen las 24 millones de toneladas en el año, reflejando la creciente dependencia del mercado externo.
En ese sentido, el director general del GCMA, Juan Carlos Anaya, advirtió recientemente que «este incremento está generando una presión directa en el mercado interno», al referirse al crecimiento de las compras externas de maíz, fenómeno que coincide con mayores volúmenes por comercializar en regiones productoras del país.
Entorno crítico
El reporte también señala que en el noreste del país, el sorgo de Tamaulipas enfrenta un desplome histórico: de más de 2 millones de toneladas en ciclos anteriores a una proyección actual de apenas 800,000 toneladas. La combinación de sequía persistente y baja rentabilidad —acentuada por la ausencia de apoyos gubernamentales— ha golpeado severamente al cultivo, enviando una señal de alerta sobre la fragilidad de los granos forrajeros en regiones vulnerables.
En paralelo, el ciclo Primavera-Verano comenzará en mayo con condiciones climáticas favorables en regiones del Occidente y el Bajío, particularmente en Guanajuato. Sin embargo, el ánimo de los productores permanece contenido por la incertidumbre en la comercialización. En esta entidad, se anticipa un incremento en la superficie destinada al sorgo, visto como una alternativa más rentable frente al maíz bajo las actuales condiciones de mercado.
A este panorama se suma un factor climático de corto plazo con alto potencial disruptivo. Una onda de calor con temperaturas de hasta 45°C se mantendrá hacia el cierre de mes, generando riesgos severos para cultivos hortícolas en distintas zonas productoras del país. Productos como el jitomate, cuyos precios ya se encuentran en niveles elevados, podrían enfrentar nuevas presiones al alza si se materializan daños en el campo.
Escenario de riesgo productivo
El ajuste en la estimación de producción de maíz en Sinaloa podría no ser el último del ciclo. De acuerdo con Juan Carlos Anaya, el recorte inicial de 200,000 toneladas responde a evidencias tempranas en campo que apuntan a un deterioro más amplio en los rendimientos.
El directivo explicó que parte del problema se originó desde la siembra, al registrarse adelantos en fechas que derivaron en cultivos con menor desarrollo y mayor susceptibilidad a daños.
«Estamos viendo maíces más chicos, con más afectaciones, y ahora que ya entra la cosecha en forma, siguen observándose caídas en rendimientos y rechazos en bodegas por grano dañado», señaló.
En términos productivos, el ajuste de 4.0 a 3.8 millones de toneladas está alineado con reportes de productores que ya registran reducciones de entre dos y tres toneladas por hectárea, al pasar de niveles de 12-15 a apenas 10 toneladas. Este descenso no solo impacta el volumen final, sino que compromete directamente la rentabilidad del ciclo.
A este factor se suma la incertidumbre en los esquemas de comercialización. Anaya fue enfático al descartar la existencia de un precio objetivo formal: «no hay un ingreso objetivo como antes; lo que existe es un precio de mercado más apoyos, pero no hay garantía clara». Bajo el esquema actual, los productores dependen de un subsidio de 1,200 pesos por tonelada, con la posibilidad de apoyos adicionales aún no definidos, lo que deja abierto el riesgo ante variaciones en el tipo de cambio o en los precios internacionales.
El problema se agrava por la falta de contratos de compra. Según el especialista, no hay viabilidad suficiente sobre el volumen ya comprometido con compradores, condición necesaria para acceder a apoyos. «Tenemos producción por colocar, pero no vemos compradores en la misma proporción», advirtió.
En este contexto, la ecuación productiva se vuelve cada vez más compleja: costos elevados, precios presionados y menor acceso a financiamiento. Esta combinación ya tuvo efectos en el ciclo Otoño-Invierno de Sinaloa, donde se dejaron de sembrar alrededor de 100,000 hectáreas respecto al plan original, ante la falta de rentabilidad.
El fenómeno comienza a replicarse en otras regiones. En el Bajío, particularmente, se observa un desplazamiento hacia el sorgo, cultivo de menor costo y menor requerimiento hídrico, aunque también con precios más bajos. Sin embargo, incluso esta transición refleja un ajuste defensivo más que una expansión estratégica, en un entorno donde —como advierte el GCMA— la falta de certidumbre limita tanto la inversión como el acceso al crédito.
Fuente: El Debate de Guasave