Carlos Bojórquez Robles | 09 de junio de 2026.
La detección del gusano barrenador en Texas cambia el panorama ganadero de Norteamérica, mientras México acumula pérdidas millonarias y ambos países refuerzan la contención sanitaria.
La confirmación del primer caso de Gusano Barrenador del Ganado (GBG) en Texas encendió las alertas sanitarias y económicas en toda Norteamérica. El hallazgo de la larva en un becerro de apenas tres semanas de edad en La Pryor representa un hecho histórico para Estados Unidos, que no registraba la presencia de este parásito en su territorio desde hace décadas.
Momento complejo
La noticia llega en un momento especialmente complejo para la industria ganadera estadounidense. Actualmente, el inventario bovino del país se encuentra en su nivel más bajo desde 1951, consecuencia de varios años de sequía, elevados costos de producción y una prolongada reducción del hato. Al mismo tiempo, los precios del ganado han alcanzado máximos históricos: desde enero de 2020, el valor del ganado para engorda ha aumentado alrededor de 154%, mientras que el ganado gordo supera incrementos de 100%.
De acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la detección del gusano barrenador modifica significativamente el escenario regional. Hasta ahora, las principales afectaciones económicas se concentraban en México, debido a las restricciones para exportar ganado en pie hacia Estados Unidos. Sin embargo, la aparición del parásito dentro del territorio estadounidense coloca también a ese país frente a riesgos productivos y comerciales de gran magnitud.
Las pérdidas para México ya son considerables. Al cierre de abril, se estima que alrededor de 1.83 millones de cabezas de ganado no pudieron cruzar la frontera. Considerando que cada becerro destinado a exportación genera aproximadamente 1,200 dólares, frente a los 900 dólares que obtiene en el mercado nacional, el costo de oportunidad para los productores mexicanos ronda los 551 millones de dólares.
Además, la permanencia de esos animales en el mercado interno ha incrementado la oferta nacional, presionando los precios al productor, mientras aumentan los costos relacionados con inspecciones, movilización y protocolos zoosanitarios.
El desafío sanitario sigue siendo relevante. México acumula 27,602 casos de GBG distribuidos en 26 entidades federativas. Aunque 92% de los casos ya fueron cerrados, permanecen activos 2,077 focos de infección. Particular preocupación generan estados exportadores como Tamaulipas, con 733 casos, y Coahuila, con 54.
Uno de los elementos que más preocupa a los especialistas es que el gusano barrenador llegó a Texas antes de que la infraestructura necesaria para combatirlo estuviera completamente lista. Actualmente, se depende de moscas estériles producidas en Panamá para contener la plaga. La planta de producción proyectada en Moore Air Base, Texas, no estaría operando antes de finales de 2027.
Mientras que México prevé poner en marcha a finales de junio la planta de Metapa, Chiapas, con capacidad cercana a 100 millones de moscas estériles por semana, convirtiéndose en una pieza estratégica para la contención regional.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha estimado que un brote establecido de gusano barrenador en Texas podría provocar pérdidas cercanas a 1,800 millones de dólares. Más allá de la mortalidad animal, el mayor riesgo radica en posibles restricciones de movilización, mayores inspecciones y costos operativos que afectarían la eficiencia de toda la cadena ganadera.
“Para los productores del norte de México, el entorno sigue siendo complejo. La presión sobre precios, los mayores costos de producción y la incertidumbre comercial continúan. Los productores que encuentren alternativas al mercado de exportación de ganado en pie, mediante la exportación de carne, tendrán mayores posibilidades de reducir el impacto económico de las restricciones. Con el primer caso en Texas, el desafío ya no es de México, sino de toda Norteamérica”, señaló Juan Carlos Anaya, director del GCMA.
Fuente: Debate

