AgroLatam: México pierde millones de toneladas de maíz y crece el temor por los alimentos

Ana Sofía Pineda | 16 de octubre de 2026.

La producción de maíz blanco en México registra una caída de aproximadamente 5,4 millones de toneladas respecto de 2019, una reducción cercana al 21% que vuelve a poner en discusión la capacidad del país para sostener su abastecimiento alimentario. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) advirtió en octubre de 2026 que el deterioro de la producción nacional, combinado con los efectos del cambio climático y los elevados costos agrícolas, está aumentando la vulnerabilidad del sector. La organización también expresó preocupación por la creciente dependencia de las importaciones de granos y oleaginosas, fundamentales para la industria alimentaria y la producción ganadera.

El maíz ocupa un lugar central en la economía mexicana, tanto por su importancia en la alimentación de la población como por su utilización en distintas actividades agroindustriales. La tortilla, uno de los principales alimentos de consumo cotidiano, depende especialmente del maíz blanco, mientras que el maíz amarillo abastece buena parte de las necesidades de las industrias avícola, porcina y de alimentos balanceados. La menor producción nacional obliga a prestar atención a la evolución de los rendimientos, la superficie cultivada y los costos de producción, variables que influyen directamente sobre la competitividad de los agricultores mexicanos.

Según Álvaro López Ríos, dirigente de la UNTA, la actividad agrícola atraviesa dificultades que comprometen su capacidad de crecimiento. La organización analizó información de la Encuesta Nacional Agropecuaria del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y señaló que los problemas climáticos, las restricciones financieras y las desigualdades económicas están afectando a numerosos establecimientos rurales. También identificó el envejecimiento de la población agrícola como una preocupación estructural, debido a las dificultades para incorporar nuevas generaciones a una actividad que requiere inversiones crecientes y enfrenta una elevada exposición a los riesgos productivos.

México pierde producción de maíz y aumenta su dependencia de las importaciones

Las cifras presentadas por la UNTA muestran que la producción de maíz blanco pasó de 25,8 millones de toneladas en 2019 a 20,4 millones de toneladas, una diferencia de 5,4 millones que representa una contracción aproximada del 20,9%. La organización considera que este retroceso refleja las dificultades que enfrentan los productores para sostener sus niveles de actividad. La información difundida no precisa el ciclo agrícola correspondiente a la cifra más reciente, un dato necesario para establecer una comparación definitiva entre campañas. Sin embargo, la magnitud de la reducción mencionada constituye uno de los principales argumentos de la entidad para reclamar medidas destinadas a recuperar la producción.

La dependencia del abastecimiento externo también ocupa un lugar destacado entre las preocupaciones del sector. De acuerdo con las estimaciones citadas por la organización, México importa cerca del 58% de los granos y oleaginosas que consume, aunque esa proporción corresponde al conjunto de productos considerados y no a cada cultivo individualmente. Las necesidades de importación presentan diferencias importantes entre el maíz blanco, utilizado principalmente para consumo humano, y el amarillo, cuya demanda está estrechamente vinculada con la alimentación animal y los procesos industriales. Esta distinción resulta fundamental para comprender la estructura del mercado mexicano de granos.

Las compras externas de maíz podrían ubicarse entre 23 y 26,5 millones de toneladas, según las proyecciones mencionadas por la UNTA para los ciclos considerados. La mayor parte de ese volumen corresponde a maíz amarillo, aunque la organización también observa una mayor participación del blanco. Los datos comerciales muestran la dimensión del intercambio: durante 2025, México importó aproximadamente 24,59 millones de toneladas de maíz, de las cuales unas 900.000 toneladas correspondieron a la variedad blanca, según cifras del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas. El volumen total representó un incremento del 4,1% respecto del año anterior.

La situación del maíz blanco presenta, sin embargo, una diferencia importante respecto de la dependencia general de granos. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México sostuvo que el país mantiene capacidad para cubrir su consumo humano de este cereal. Para el ciclo comprendido entre octubre de 2025 y septiembre de 2026, el organismo estimó una producción de 20,6 millones de toneladas frente a una demanda de 19,3 millones. Esto indica que la reducción de la cosecha no implica necesariamente un déficit de abastecimiento para consumo humano, aunque sí refleja una menor producción respecto de los niveles registrados años atrás.

Sequía, costos de producción y envejecimiento rural afectan al campo mexicano

La caída productiva señalada por la UNTA está relacionada con dificultades que se acumulan dentro de los establecimientos agrícolas. La organización identifica tres factores principales: fenómenos climáticos extremos, costos de producción elevados y limitaciones en los apoyos e incentivos para los productores. Las variaciones en la disponibilidad de agua afectan la planificación de las siembras y el desarrollo de los cultivos, mientras que los gastos en fertilizantes, semillas, energía y maquinaria condicionan los márgenes económicos. Estas dificultades pueden limitar la incorporación de tecnología y reducir la capacidad de inversión, especialmente entre agricultores con menor acceso al financiamiento.

Los antecedentes del INEGI permiten dimensionar la importancia de estas restricciones. Según el Censo Agropecuario 2022, el 88,8% de las unidades de producción reportó dificultades vinculadas con los altos costos de insumos y servicios, mientras que el 61% señaló pérdidas ocasionadas por factores climáticos o biológicos. Además, el 29,9% mencionó problemas relacionados con la pérdida de fertilidad del suelo y el 17,6% identificó escasez de mano de obra. Estos indicadores muestran que los obstáculos productivos no responden exclusivamente al comportamiento del clima, sino también a las condiciones económicas y técnicas de los establecimientos.

La composición de la población rural agrega otra preocupación para la continuidad de la actividad. La Encuesta Nacional Agropecuaria de 2019 mostró que el 89,9% de los responsables de las unidades productivas tenía 40 años o más, una característica que vuelve relevante la incorporación de jóvenes al sector. La renovación generacional depende de oportunidades económicas, acceso a tierras, financiamiento y condiciones que permitan desarrollar explotaciones sostenibles. Para la UNTA, las desigualdades que afectan a los productores y las dificultades para mejorar la rentabilidad pueden profundizar los problemas de continuidad de numerosas unidades agrícolas.

El impacto sobre los consumidores aparece entre las advertencias económicas de la organización. López Ríos considera que una menor producción nacional, acompañada por mayores compras externas, podría incrementar la exposición de México a las fluctuaciones de los precios internacionales. La tortilla, el pan, la leche y la carne forman parte de cadenas alimentarias que dependen directa o indirectamente del abastecimiento de granos. Los movimientos del tipo de cambio, los costos de transporte y las condiciones comerciales internacionales también pueden influir sobre los precios internos. La UNTA advierte sobre posibles presiones inflacionarias, aunque no presentó una estimación concreta del aumento que podrían experimentar los alimentos.

La organización también cuestionó las condiciones actuales de apoyo al sector y reclamó políticas orientadas a mejorar la productividad agrícola. Entre las medidas propuestas aparecen la modernización de los sistemas de riego, la reducción de la vulnerabilidad frente a eventos climáticos y la recuperación de la rentabilidad de los productores. La disponibilidad de agua constituye una variable decisiva para numerosas regiones agrícolas mexicanas, donde las restricciones hídricas pueden afectar tanto las superficies cultivadas como los rendimientos. La inversión en infraestructura y tecnología permitiría mejorar la eficiencia del uso del recurso y reducir parte de los riesgos asociados con las variaciones meteorológicas.

La evolución del maíz amarillo será otro indicador importante para evaluar las necesidades de abastecimiento. Durante el primer semestre de 2026, México importó aproximadamente 11,7 millones de toneladas de esta variedad, un incremento del 1,01% frente al mismo período de 2025, según cifras difundidas por la Secretaría de Agricultura. La demanda de la industria pecuaria mantiene una relación directa con estas compras, especialmente por la utilización del cereal en la elaboración de alimentos balanceados. El crecimiento de la producción de carne, leche y huevos puede sostener las necesidades de importación cuando la oferta doméstica resulta insuficiente.

Para los próximos cinco años, la UNTA considera prioritario fortalecer la capacidad productiva de los agricultores y reducir su exposición a los riesgos económicos y climáticos. La organización advierte que la continuidad de las dificultades actuales podría limitar la recuperación de las cosechas y aumentar las necesidades de abastecimiento externo. La diferencia entre los 25,8 millones de toneladas de maíz blanco producidos en 2019 y los 20,4 millones señalados actualmente refleja la magnitud de la recuperación que reclama el sector, mientras la demanda de maíz amarillo continúa vinculada al crecimiento de las cadenas ganaderas e industriales del país.

Fuente: AgroLatam

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