Ana Sofía Pineda | 29 de septiembre de 2026.

La producción de maíz en México cerraría 2026 en 22,7 millones de toneladas, uno de los volúmenes más bajos desde 2012, según una estimación del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) difundida en su reporte de la semana 39. El dato se conoció mientras Sinaloa, una región decisiva para la oferta nacional del grano, llega al ciclo otoño-invierno 2026/27 con mayor disponibilidad de agua en sus presas. La mejora hídrica ofrece mejores condiciones para sembrar, pero no modifica de inmediato el balance nacional: la producción prevista para este año mantiene la presión sobre las importaciones.
La proyección del GCMA expone la distancia entre una oferta interna en retroceso y una demanda que continúa creciendo. Si la cosecha mexicana termina en el nivel estimado, el mercado necesitará recurrir a compras externas para cubrir parte de sus requerimientos. Una recuperación de las siembras en Sinaloa podría mejorar la disponibilidad de grano más adelante, aunque sus efectos no serían inmediatos. De acuerdo con la consultora, si el próximo ciclo otoño-invierno se desarrolla favorablemente, el aumento de la producción nacional comenzaría a reflejarse recién en mayo o junio de 2027.
Más agua para planificar las siembras
En Sinaloa, las presas ya superan el 52% de almacenamiento y podrían sobrepasar el 60% con nuevas aportaciones de los ciclones, según los datos citados en el reporte. Se trata de una situación más favorable que la registrada un año atrás y de un cambio relevante para la planificación del ciclo agrícola. La disponibilidad de agua permite evaluar una mayor superficie de siembra, pero todavía no determina cuántas hectáreas se destinarán al maíz. Las decisiones de los productores también dependerán de las condiciones económicas que encuentren antes de establecer el cultivo.
La rentabilidad aparece como el principal límite para convertir esa mejora hídrica en más producción. Los costos de producción y los precios esperados del grano condicionan la superficie que los agricultores estarán dispuestos a sembrar, aun cuando cuenten con mejores perspectivas de riego. Por eso, el mayor almacenamiento en las presas no debe interpretarse como una cosecha asegurada: primero deberán definirse las siembras y luego atravesarse el ciclo productivo. Para el mercado mexicano, esa secuencia implica que la necesidad de importaciones puede continuar durante los próximos meses.
La estimación de 22,7 millones de toneladas para 2026 y el calendario del próximo ciclo explican por qué la mejora del agua en Sinaloa todavía no alivia el abastecimiento nacional. Incluso con siembras favorables, el nuevo volumen llegaría al mercado hacia mediados de 2027, de acuerdo con el GCMA. Hasta entonces, la disponibilidad interna dependerá de la producción ya obtenida y de las compras externas. El comportamiento de los precios del maíz y de los costos agrícolas será, además, determinante para saber cuánto de la oportunidad hídrica se transforma finalmente en superficie cultivada.
El reporte también describe problemas productivos fuera de la zona maicera de Sinaloa. La sequía en el sur y sureste de México ha generado daños en cultivos como papaya, limón y mango en Chiapas y Oaxaca. Aunque se trata de mercados distintos al del maíz, la situación muestra que las condiciones agrícolas son desiguales entre regiones: mientras Sinaloa recupera reservas de agua para preparar su próximo ciclo, otras zonas enfrentan pérdidas asociadas a la falta de lluvias. Para el maíz, el dato pendiente será la superficie efectivamente sembrada en otoño-invierno.
Fuente: Agrolatam
