AgroLatam: México podría importar 25,7 millones de toneladas de maíz: ¿qué pasó con sus cosechas?

Ana Sofía Pineda | 04 de noviembre de 2026.

México cerraría 2026 con 25,7 millones de toneladas de maíz importadas, casi 5% más que en 2025, mientras su cosecha nacional se estima en 22,7 millones de toneladas. La proyección del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) marca un nuevo máximo para las compras externas y refleja el peso de la demanda de maíz amarillo. El desempeño de los principales estados productores, las restricciones de agua y las dificultades de financiamiento explican parte del retroceso de la producción local.

El volumen de importaciones previsto supera en 3 millones de toneladas a la cosecha estimada, aunque ambos indicadores incluyen distintos tipos de maíz. El mercado mexicano presenta dos situaciones: en maíz blanco, utilizado principalmente para tortillas y otros alimentos, la producción nacional sería ligeramente superior a la demanda; en maíz amarillo, destinado sobre todo a alimentación animal y usos industriales, la dependencia de proveedores externos es considerablemente mayor.

Las cosechas retroceden en estados clave para el maíz mexicano

La producción de la temporada primavera-verano acumula una reducción de 1,7 millones de toneladas respecto del año anterior, de acuerdo con los datos reunidos por el GCMA. Entre las zonas afectadas figura Jalisco, con 3,5 millones de toneladas y una caída interanual de 5,2%. Michoacán obtuvo 1,9 millones, 6,4% menos, mientras que Chiapas registró 766.800 toneladas, después de una disminución de 26,3%.

En Sinaloa, uno de los principales polos maiceros, se recolectaron 3,1 millones de toneladas, frente a una expectativa inicial de 4 millones. El estado ya venía de una caída productiva de 32,4% el año pasado, atribuida por organizaciones del sector a la sequía, los costos de fertilizantes, semillas y diésel, y las dificultades para vender la cosecha.

La caída de la cosecha ocurre, además, en un momento de dificultades comerciales para quienes producen maíz. Los precios internacionales bajos y los mayores gastos de producción reducen el margen disponible para afrontar nuevas campañas. En regiones que dependen del riego, la incertidumbre sobre el agua disponible agrega otro factor a la planificación.

El acceso al capital también pesa sobre las decisiones de los productores. El GCMA identifica dificultades para conseguir crédito y seguros agrícolas, además de incertidumbre sobre los instrumentos de apoyo y las coberturas de precios. Por eso, una recuperación de las lluvias o del agua disponible no necesariamente se traduce de inmediato en más hectáreas cultivadas.

El maíz amarillo concentra la dependencia de Estados Unidos

La producción mexicana de maíz amarillo cubre apenas 9,5% de la demanda interna de esa variedad. El resto se abastece principalmente mediante importaciones, y Estados Unidos suministra alrededor del 99,8% del maíz amarillo que México compra en el exterior.

El crecimiento de las compras externas ya se observaba antes del cierre del año. Entre enero y septiembre de 2026, México importó 5,8% más maíz que en igual período de 2025, un incremento superior a un millón de toneladas. La abundante oferta estadounidense también incide en las referencias internacionales que siguen los compradores. Sin embargo, los precios recibidos por los agricultores mexicanos varían según calidad, distancia a los centros de consumo, costos logísticos y condiciones comerciales de cada operación.

Para la temporada otoño-invierno, las estimaciones apuntan a un aumento de 944.100 toneladas, hasta alcanzar 4,9 millones de toneladas. Esa mejora no sería suficiente para compensar el retroceso del resto del año: el GCMA proyecta una disminución anual de 3,1% en la producción de maíz. Parte de la recuperación se espera en Sinaloa.

El GCMA señala que, sin mecanismos que faciliten la compra de semillas, fertilizantes y los trabajos de campo, incluso una mejora en la disponibilidad de agua podría tener un efecto limitado sobre la superficie sembrada. La recuperación prevista para otoño-invierno constituye, por ahora, una estimación y no una cosecha concretada.

El escenario también plantea una diferencia entre comprar más grano y fortalecer la producción propia. Las importaciones permiten atender necesidades del mercado, particularmente de maíz amarillo, mientras que los productores nacionales enfrentan decisiones de inversión para el siguiente ciclo. Entre las condiciones señaladas por el GCMA figuran créditos oportunos, seguros, tecnología y contratos comerciales definidos antes de sembrar. Su disponibilidad será relevante para evaluar si la recuperación prevista logra sostenerse más allá de una sola temporada.

Fuente: AgroLatam

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