El Economista: Balanza comercial: los focos rojos en granos y petrolíferos

Luis Miguel González | 28 de octubre de 2026.

En 2026, la balanza comercial arroja una enorme sorpresa positiva con las exportaciones no automotrices y dos confirmaciones que preocupan: tenemos un gran déficit en la balanza petrolera y un crecimiento en la importación de granos básicos.

Las exportaciones no automotrices rompieron todos los récords y alcanzaron la cifra de 436,637 millones de dólares, un incremento de 46%. El auge en la construcción de centros de datos y la expansión de todo lo relacionado con la Inteligencia Artificial en Estados Unidos significó un crecimiento de la demanda de componentes para equipos de cómputo, producidos principalmente en Jalisco, Chihuahua y Baja California.

¿Pueden los excelentes números en la venta al exterior de productos manufacturados compensar lo que ocurre en petrolíferos y granos básicos? Contablemente sí, quizás. Estratégicamente, no, seguro. La vulnerabilidad en combustibles y en granos que son fundamentales para la alimentación es un riesgo de seguridad nacional en tiempos de geopolítica encrespada.

No olviden que hace un mes, Trump evaluó la posibilidad de suspender las exportaciones de diésel estadounidense. México necesita comprar en los mercados internacionales 30% del consumo interno de diésel y 48% de la gasolina. La cifra era mayor, pero se ha reducido porque se incrementó la producción de refinados en las plantas de Pemex. En el primer semestre, fue 19% en el caso del diésel, 2.9% en gasolinas y 2.3% en turbosina.

Este crecimiento es meritorio, en el contexto de las dificultades de Pemex, pero no alcanza para resolver el déficit de la balanza petrolera, que entre enero y septiembre fue de 25,684 millones de dólares. En los primeros nueve meses de 2026, exportamos petróleo por un valor de 16,351 millones de dólares. Compramos gasolina, diésel y turbosina por un total de 42,035 millones de dólares. Somos el principal cliente de las refinerías de Estados Unidos.

En el caso de granos y oleaginosas, la producción nacional cubre apenas 42% de nuestro consumo, según cálculos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), que encabeza Juan Carlos Anaya. Entre enero y septiembre, México compró al exterior 11,902 millones de dólares en maíz, trigo y soya. Somos el primer importador mundial de maíz. Segundo en la tabla mundial, cuando se trata de granos y oleaginosas, solo superados por China, que tiene una población 10 veces mayor.

En los primeros nueve meses del 2026, de acuerdo con el GCMA, las importaciones de maíz crecieron 5.8% en volumen y 4.2% en valor. Las compras de trigo bajaron 1.6% en volumen, pero el valor subió 7.7%. El mayor incremento se dio en el complejo de soya, el volumen aumentó 16% y el valor, 23.8%, para llegar a 3,325 millones de dólares.

México ha mantenido la autosuficiencia en maíz blanco y en frijol, pero tiene una dependencia creciente del abasto externo cuando se trata del maíz amarillo, fundamental para alimentar el ganado y un sinnúmero de usos industriales. En otros bienes agrícolas, México está más cubierto: aquí se produce más de 80% de nuestro consumo de carne. En el caso de frutas y verduras producimos más de lo que consumimos. Somos el mayor proveedor de Estados Unidos en aguacate, tomate, limón y berries, entre otros.

En granos y en derivados del petróleo, la autosuficiencia no es posible y quizá tampoco deseable en términos de costos y características de nuestro territorio. Lo que sí es necesario es revisar la situación con una perspectiva de seguridad nacional. Un desbalance como el que tenemos representa un riesgo que debemos mitigar, aunque los tiempos sean complicados también para las finanzas públicas. ¿Qué podemos hacer en materia de seguridad alimentaria y seguridad energética? ¿Qué estamos haciendo?

Fuente: El Economista

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