Carlos Bojórquez Robles | 21 de septiembre de 2026.

México profundizó su dependencia del exterior en granos y oleaginosas durante los primeros ocho meses de 2026, en un escenario que el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) vincula no solo con las necesidades de abasto, sino con la falta de condiciones de rentabilidad y certidumbre para que los productores nacionales decidan qué y cuánto sembrar.
Más maíz amarillo; menos blanco
De enero a agosto, las importaciones de la canasta analizada por GCMA alcanzaron 32.912 millones de toneladas, 1.865 millones más que en el mismo periodo de 2025, un incremento de 6.0%. El valor de las compras también aumentó, de 9,788.5 a 10,248.9 millones de dólares, es decir, 460.4 millones adicionales.
El maíz concentra buena parte de la presión. Las compras externas totales crecieron 8.1%, hasta 17.107 millones de toneladas, nivel considerado récord. El maíz amarillo representó 16.534 millones de toneladas, mientras que las importaciones de maíz blanco disminuyeron 24.3%, al pasar de 757,800 a 573,400 toneladas.
La reducción del blanco, sin embargo, no compensa el crecimiento del amarillo y mantiene elevada la exposición del mercado mexicano al suministro externo. Para Sinaloa, principal productor de maíz blanco, el comportamiento adquiere relevancia ante la necesidad de generar condiciones que permitan recuperar superficie, rentabilidad y liquidez después de varios ciclos agrícolas afectados por restricciones hídricas y problemas de comercialización.
El fenómeno también alcanza a otros insumos estratégicos. El complejo de soya aumentó sus importaciones 15.5%, hasta 6.843 millones de toneladas, impulsado por un alza de 49.1% en las compras de grano brasileño y de 35.2% en pasta. La canola avanzó 15.2%.
En contraste, las compras de sorgo disminuyeron 38.0%, a 387,600 toneladas, y las de frijol cayeron 37.8%, a 112,500 toneladas. GCMA advierte que una menor importación no necesariamente significa una recuperación productiva. En el caso del frijol, la reducción estaría relacionada con inventarios nacionales todavía pendientes de comercialización.
La brecha comercial también se amplió. Las exportaciones de la canasta disminuyeron 2.6% en volumen, a 324,700 toneladas, mientras su valor cayó 16.3%, hasta 841 millones de dólares. Así, mientras México incrementa el gasto para abastecerse del exterior, obtiene menos ingresos por sus exportaciones agrícolas.
Para GCMA, el problema de fondo es la falta de certidumbre previa a la siembra. El productor necesita conocer con anticipación el ingreso esperado, las condiciones de comercialización, el comprador, los mecanismos de cobertura y los tiempos de pago. Sin esos elementos, el riesgo productivo y de mercado recae principalmente en el agricultor.
El organismo plantea recuperar y modernizar herramientas como la agricultura por contrato, las coberturas de precios y los esquemas de ingreso de referencia, además de vincularlas con crédito, garantías, seguro agrícola y asistencia técnica.
La advertencia trasciende al productor. GCMA señala que México depende del exterior para cubrir 58% del consumo del conjunto de granos y oleaginosas y se ubica como segundo importador mundial de estos productos. En este contexto, fortalecer la producción nacional no implica cerrar las importaciones, sino reducir la vulnerabilidad ante cambios de precios, interrupciones logísticas o restricciones de suministro.
El reto, concluye el diagnóstico, es que sembrar vuelva a ser una decisión económicamente viable antes de colocar la semilla en el campo, y no una apuesta cuyo resultado dependa de encontrar comprador y precio una vez levantada la cosecha.
«Sin una respuesta integral aumenta el riesgo de que superficies dejen de sembrarse por falta de rentabilidad, liquidez, financiamiento y seguro agrícola. La situación se perfila como la crisis más grave del sector de granos y oleaginosas en al menos 60 años. La respuesta no es cerrar el comercio. Es recuperar la capacidad de producir competitivamente en México y complementar el abasto mediante importaciones», advirtió Juan Carlos Anaya, director general de GCMA.
«Los programas deben evaluarse por producción, productividad, rentabilidad y comercialización oportuna, no solo por recursos entregados o toneladas acopiadas. La seguridad alimentaria no se decreta: se construye haciendo rentable producir en México», añadió.
Fuente: Debate
