Carlos Bojórquez Robles | 04 de julio de 2026.
El GCMA advierte la necesidad de recuperar competitividad y generar condiciones que permitan elevar la producción nacional por encima de los niveles actuales, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad frente a los mercados internacionales.
El país ya produce sólo 42% de los granos y oleaginosas que consume, mientras las compras externas aumentan y las exportaciones pierden fuerza
Por Carlos Bojórquez Robles | 04/07/2026 08:00
México continúa ampliando su dependencia del mercado internacional para garantizar el abasto de alimentos estratégicos. Entre enero y mayo, las importaciones de granos y oleaginosas crecieron 6.4% en volumen, mientras las exportaciones registraron una caída de 20.8%, una tendencia que, de acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), refleja un problema estructural de productividad del campo mexicano.
Dinámica comercial
Con base en cifras de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), el organismo señaló que durante los primeros cinco meses del año las compras externas alcanzaron 19.93 millones de toneladas, impulsadas principalmente por mayores adquisiciones de maíz, complejo de soya, canola y arroz.
En contraste, disminuyeron las importaciones de productos como trigo, sorgo, frijol y aceites vegetales. El valor de las compras internacionales aumentó 4.3%, un ritmo menor al crecimiento del volumen debido a que los precios internacionales fueron inferiores a los registrados un año antes.
El GCMA destacó que México se mantiene como el segundo mayor importador mundial de granos y oleaginosas, sólo detrás de China, y actualmente produce alrededor del 42% de los productos que consume, una proporción muy por debajo del 70% considerado como un nivel deseable para reducir riesgos de dependencia alimentaria.
Las exportaciones de granos y oleaginosas también muestran una pérdida de dinamismo. Entre enero y mayo, el volumen exportado cayó 20.8%, mientras que el valor disminuyó 14.2%.
Las mayores reducciones se observaron en arroz, algodón y complejo de soya. Aunque aumentaron las ventas externas de maíz, garbanzo y frijol, el GCMA señaló que estos productos mantienen una participación limitada dentro de las exportaciones nacionales, debido a que la producción interna tiene como prioridad cubrir el consumo doméstico.
Para el organismo consultor, el deterioro comercial no responde únicamente a factores climáticos o coyunturales, sino a un rezago acumulado en la productividad agrícola del país.
“Las cifras del comercio exterior confirman que México enfrenta un problema estructural de seguridad alimentaria. La creciente dependencia de las importaciones y la reducción de las exportaciones reflejan que la producción nacional no está creciendo al ritmo que demanda el consumo”, señaló Juan Carlos Anaya, director general del GCMA.
El Censo Agropecuario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestra que 82% de las unidades de producción tienen superficies de hasta cinco hectáreas. Estas unidades concentran alrededor de 35% de la superficie sembrada, pero generan únicamente 21% de la producción nacional de granos y oleaginosas, con rendimientos promedio de apenas 2.22 toneladas por hectárea.
Esta estructura productiva, señala GCMA, limita la capacidad del país para elevar la oferta interna y competir frente a los grandes productores internacionales.
Estrategia
El organismo considera que los programas gubernamentales implementados durante los últimos años han priorizado apoyos sociales, pero no han generado avances suficientes en productividad, tecnificación, inversión, infraestructura, comercialización y administración de riesgos.
Ante este escenario, GCMA plantea la necesidad de una estrategia agroalimentaria de largo plazo que incluya el fortalecimiento de la agricultura por contrato, coberturas de precios, financiamiento oportuno, seguros agrícolas, impulso a semillas mejoradas, agricultura de precisión, modernización hidráulica, investigación y extensionismo.
“Mientras el país continúe produciendo apenas 42% de los granos y oleaginosas que consume, seguirá siendo altamente vulnerable a la volatilidad internacional, al tipo de cambio, a conflictos geopolíticos y a interrupciones en las cadenas globales de suministro. Revertir esta tendencia exige una política pública enfocada en productividad, competitividad y rentabilidad para los productores mexicanos”, concluyó Anaya.
Fuente: Debate