Carlos Bojórquez Robles | 27 de junio de 2026.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo proceso formal inicia el 1 de julio, representa mucho más que una negociación comercial para el sector agroalimentario.
De su resultado dependerá la certidumbre para una industria que, en las últimas tres décadas, ha convertido a México en una potencia exportadora de alimentos y, al mismo tiempo, ha evidenciado las debilidades estructurales del país en la producción de granos básicos.
Balance positivo
Así lo señaló Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), quien afirmó que el balance del acuerdo comercial ha sido ampliamente positivo para el campo mexicano.
«En los últimos 30 años el sector agropecuario mostró que tenemos productores de clase mundial», subrayó durante una entrevista sobre el proceso de revisión del tratado.
Las cifras respaldan esa afirmación. Mientras en 1994, con el inicio del entonces TLCAN, México exportaba alrededor de 4,000 millones de dólares en productos agroalimentarios, para 2024 alcanzó un récord de 54,000 millones de dólares.
Para Anaya, el éxito del acuerdo radica en la integración productiva de Norteamérica. México abastece frutas, hortalizas, cerveza y tequila al mercado estadounidense, mientras importa de sus socios comerciales maíz, trigo, arroz, soya y diversas proteínas animales.
«Con los alimentos no se juega. Nosotros le mandamos a Estados Unidos todo el año frutas y hortalizas y ellos nos mandan muchos granos y proteína», explicó.
Además, resaltó la ventaja logística que representa compartir frontera con Estados Unidos. Mientras otros competidores, como Perú, dependen del transporte marítimo para colocar productos frescos, los productores mexicanos pueden abastecer los mercados en cuestión de horas.
Negociación
No obstante, el especialista considera que las tensiones actuales alrededor del T-MEC obedecen más a factores políticos.
«El tema no es comercial, es el tema político con el presidente Trump derivado a los temas de seguridad, fentanilo, inmigración», afirmó, al señalar que la relación económica mantiene una fuerte interdependencia que difícilmente puede romperse sin afectar a los tres países.
Entre los principales temas que México deberá defender durante la revisión destacan el arancel impuesto al tomate mexicano, las restricciones al azúcar, el cierre de la frontera al ganado en pie por el gusano barrenador, las presiones de productores de Florida y Georgia para imponer criterios de estacionalidad, así como diferencias en materia ambiental, laboral y sanitaria.
Granos, la debilidad
Anaya advirtió que, mientras las frutas, hortalizas y la producción pecuaria continúan expandiéndose, el panorama para los granos y oleaginosas es cada vez más preocupante.
«México tiene una debilidad en tema de granos y oleaginosas… solamente estamos produciendo el 42% de los granos», señaló.
A ello se suma, dijo, una política pública que ha reducido instrumentos como la agricultura por contrato, el ingreso objetivo y diversos esquemas de financiamiento, generando una competencia desigual frente a los productores estadounidenses.
«Tenemos una competencia desigual… la política del gobierno actual es solamente al pequeño productor. Es excluyente», sostuvo.
También alertó que la inseguridad representa un costo adicional para toda la cadena agroalimentaria. «El tema de la extorsión es un impuesto que no genera nada… lo único que está incrementando son los costos», afirmó.
Escenario
De cara al futuro, el director del GCMA considera que el escenario más favorable sería una renovación del T-MEC por 16 años, ya que ofrecería certidumbre para la inversión y consolidaría la integración regional.
«Sería darnos un balazo al pie de los tres países de no renovar este tratado por 16 años», advirtió.
Sin embargo, lanzó una advertencia sobre la seguridad alimentaria nacional. Si México mantiene las actuales políticas para los granos básicos, el país incrementará aún más su dependencia de las importaciones hacia 2050.
«Nos dicen que sin maíz no hay país, entonces, si siguen las políticas públicas que no incentivan la productividad… nos vamos a quedar sin país», concluyó, insistiendo en que la fortaleza del bloque norteamericano dependerá de fortalecer la cooperación comercial, sanitaria y productiva entre los tres socios.
Fuente: Debate
