Ana Sofía Pineda | 15 de junio de 2026.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzó a generar un amplio consenso dentro de la agroindustria norteamericana. Productores, exportadores, académicos y representantes de la industria alimentaria coincidieron durante junio de 2026 en que fortalecer el acuerdo y extender su vigencia resulta clave para preservar la competitividad regional, contener la inflación alimentaria y garantizar el abastecimiento de alimentos para más de 500 millones de consumidores.
La advertencia surge en momentos en que los tres países se preparan para discutir el futuro del acuerdo comercial que reemplazó al TLCAN en 2020. Diversas organizaciones sostienen que cualquier debilitamiento del tratado podría generar efectos directos sobre los precios de los alimentos, la estabilidad de las cadenas de suministro y la competitividad de Norteamérica frente a otros grandes bloques económicos.
De acuerdo con investigadores de la Universidad de Purdue, el North American Meat Institute y la Coalición de Productores Agrícolas para el T-MEC, la integración comercial construida durante las últimas décadas permitió consolidar una de las cadenas agroalimentarias más eficientes del mundo.
Uno de los estudios citados por el sector muestra que la apertura comercial contribuyó a reducir significativamente los costos de los alimentos para los consumidores. Según el análisis, la integración regional generó una disminución acumulada de 22 puntos en el índice de precios de los alimentos y ayudó a reducir en 1,8 puntos porcentuales las presiones inflacionarias.
La seguridad alimentaria entra en el centro del debate
Los especialistas sostienen que la importancia del T-MEC va mucho más allá del intercambio comercial. La región opera bajo un esquema de complementariedad productiva que permite aprovechar ventajas competitivas en cada país.
México abastece a Estados Unidos con frutas, hortalizas, aguacate, tomate, berries, ganado en pie y carne bovina. A su vez, Estados Unidos y Canadá suministran maíz, trigo, soja, canola, proteínas animales, leche y numerosos insumos estratégicos para la producción agropecuaria.
Esta integración ha permitido garantizar una oferta constante de alimentos durante todo el año, reducir costos logísticos y aumentar la eficiencia de las cadenas de valor. Actualmente, las tres economías representan cerca del 32% del Producto Interno Bruto mundial y conforman un mercado de más de 512 millones de personas.
Las organizaciones participantes alertaron que la imposición de nuevos aranceles, restricciones comerciales o barreras regulatorias podría alterar este equilibrio y trasladar mayores costos a productores y consumidores.
Según las proyecciones difundidas durante el debate, un escenario sin T-MEC podría generar incrementos de entre 12 y 13 puntos en el índice de precios de los alimentos, además de mayores presiones inflacionarias en toda la región.
Competencia global y riesgos para la región
El sector también destacó que la discusión sobre el acuerdo debe analizarse en un contexto de creciente competencia internacional. Diversos representantes empresariales señalaron que debilitar el T-MEC implicaría ceder terreno frente a potencias agroexportadoras como Brasil, la Unión Europea y China.
La preocupación no solo se relaciona con la competitividad comercial. También existe inquietud por la capacidad de respuesta ante eventuales interrupciones en las cadenas globales de suministro, un factor que cobró relevancia tras las crisis logísticas registradas en los últimos años.
Desde la industria cárnica estadounidense recordaron que México es actualmente uno de los principales destinos para las exportaciones de carne de cerdo, aves y carne vacuna. Solamente en 2025, las exportaciones estadounidenses de carne y productos avícolas superaron los 23.000 millones de dólares, de los cuales alrededor de 8.000 millones tuvieron como destino México y Canadá.
Para los referentes del sector, convertir la revisión del acuerdo en una disputa política podría afectar la estabilidad de precios, las inversiones y la seguridad alimentaria regional.
«Los resultados muestran que la apertura comercial ha generado beneficios concretos para los consumidores de los tres países. Debilitar el T-MEC terminaría trasladando mayores costos directamente a los hogares de México, Estados Unidos y Canadá», afirmó Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
La conclusión compartida por las organizaciones agroalimentarias es clara: mantener y fortalecer el T-MEC aparece como una herramienta estratégica para preservar la competitividad regional, contener la inflación y garantizar un suministro estable de alimentos en Norteamérica durante los próximos años.
Fuente: Agrolatam

