Ernesto Méndez | 17 de junio de 2026.
LOS MOCHIS, Sinaloa. La seguridad alimentaria de México enfrenta una crisis severa por la combinación del cambio climático y la desaparición de alrededor de 24 programas de apoyo al campo desde el sexenio pasado, entre ellos el Seguro Catastrófico y el FONDEN agrícola.
Según el INEGI, solo 3% de los 2.4 millones de productores agrícolas mexicanos pueden costear una póliza privada para enfrentar sequías, lluvias extraordinarias, heladas tardías u olas de calor extremo.
No llegó el invierno
En el norte de Sinaloa —conocido como el Granero de México— los agricultores vivieron una crisis sin precedente: el intenso calor de diciembre a febrero provocó un desplome de hasta 50% en el rendimiento de las cosechas. El maíz cayó de 14-16 toneladas por hectárea a solo 7 toneladas. El sorgo no se polinizó, y cultivos como jitomate, papa, garbanzo y frijol sufrieron mermas severas por plagas y hongos favorecidos por las temperaturas atípicas.
Algunos productores de garbanzo optaron por abandonar la cosecha antes que seguir invirtiendo en la trilla, ante la pésima calidad del producto.
Impacto en precios
Las pérdidas en campo se trasladaron directamente al consumidor. Al cierre de mayo, según el Banco de México:
- Jitomate bola: +69.3% anual
- Jitomate saladette: +64.2%
- Tomate verde: +50.1%
- Lechuga romana: +47.9%
- Cebolla blanca: +41%
- Papa: +12.68%
Importaciones récord
México es hoy el segundo importador mundial de granos y oleaginosas y el primero en maíz blanco y amarillo. Juan Carlos Anaya, director general de GCMA, advirtió que 2026 será un año récord de compras al exterior.
Señaló que el país actualmente solo cosecha 44% de los granos que necesita (contra el 70-75% que recomienda la FAO): produce poco más del 50% del maíz que consume, 5% de la soya, menos del 1% del arroz y menos del 10% del trigo.
Anaya describió una «tormenta perfecta» para el campo: cambio climático, falta de apoyos, eliminación de la banca de desarrollo, altos costos de insumos, caída de precios internacionales e inseguridad en el territorio nacional.
Concluyó que los efectos del cambio climático se pueden contrarrestar con asistencia técnica, nuevas variedades de semillas, apoyos a la productividad y financiamiento accesible, pero que lo urgente es retomar políticas que incentiven la producción y no solo el asistencialismo.
Fuente: Excelsior