Columna Invitada | 26 de marzo de 2026
La problemática en el sector agropecuario del país es profunda y también es estructural. México produce, pero ahora importa más de lo que produce, actualmente muchos de los granos básicos que consumimos provienen del extranjero
¿Quién defiende hoy al campo mexicano? Es una pregunta de urgente respuesta. Millones de personas en nuestro país dependen de forma directa o indirecta de la actividad agrícola, pero hoy el campo parece haberse quedado sin voz y todos sabemos que cuando una causa no tiene quién la defienda, lo que sigue es el abandono.
La problemática en el sector agropecuario del país es profunda y también es estructural. México produce, pero ahora importa más de lo que produce, actualmente muchos de los granos básicos que consumimos provienen del extranjero. Juan Carlos Anaya, director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), se ha pronunciado constantemente sobre este tema y ha declarado que el país ha dejado de ser autosuficiente a causa de la falta de políticas productivas, lo que ha provocado el abandono del campo y, por diversas vías, ha manifestado que hoy dependemos de las importaciones, especialmente de Estados Unidos, uno de cada dos kilogramos de granos básicos que se consumen es importado.
Lo anterior se explica por muchos factores: abandono del gobierno federal, fragilidad productiva, rezago tecnológico, falta de financiamiento, inseguridad en muchas zonas rurales, efectos del cambio climático y, recientemente, los bloqueos de Estados Unidos por las plagas, la del gusano barrenador y el mango, por mencionar algunas. El campo en nuestro país es estratégico porque emplea a millones de personas y sostiene cadenas productivas enteras, pero opera con herramientas del pasado y con un Ejecutivo federal muy poco comprometido.
En los últimos años, la autosuficiencia alimentaria, es decir, la capacidad que tenemos de cubrir con producción nacional las necesidades de nuestra población se ha dañado profundamente y está totalmente debilitada. Desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador el discurso ha insistido en la “soberanía alimentaria”, con diversos programas de “apoyo” a los productores, nada más lejos de la verdad, la realidad presupuestaria nos cuenta otra historia.
Ese compromiso que dice tener el Gobierno federal con el campo no se ha visto reflejado en el presupuesto, tan solo en 2025 se registró una reducción de 4.7% en comparación con 2024, lo que representa una disminución de alrededor de 3 mil 644 millones de pesos menos, lo que afecta directamente a programas de producción, fertilizantes y precios de garantía. Para 2026, al analizar el paquete económico enviado por el Ejecutivo al Congreso de la Unión, la Coparmex señaló que el presupuesto al campo apenas subía 0.9%, muy por debajo de la inflación, y que excluía apoyos económicos a la agricultura comercial. Pese a los llamados de diversas dependencias de la sociedad civil, las y los legisladores no revisaron ni corrigieron las asignaciones presupuestales.
A las diputadas y diputados federales se les olvida que el campo y sus recortes no solo son cifras, son productores que dejan de recibir apoyos y familias que se quedan sin recursos, incluso aunque el presupuesto total aparenta crecer, se redujo el número de beneficiarios y la cobertura de programas clave. Es ahí donde el Poder Legislativo debe marcar la diferencia, son ellos quienes tienen la facultad constitucional de ajustar el presupuesto; sin embargo, lo único que vemos es una aprobación casi automática de la mayoría, sin una defensa firme del sector.
Frente a este desolador panorama han sido los gobiernos estatales los que han decidido no esperar. Nuestro gobierno en Jalisco, a través de la Sader, operó en 2025 con mil 880 millones de pesos destinados íntegramente a programas productivos, apoyando a más de 6 mil 754 productores en las 12 regiones del estado, con más de 512 millones en apoyos directos. No es casualidad que Jalisco aporte 13.7% de la producción agrícola nacional y ocupe el primer lugar en producción y valor a nivel país. Para 2026, la dependencia abrió ventanillas en 12 regiones con cinco programas estratégicos, entre ellos Impulso Agro Jalisco, Jalisco Agro Sustentable y el Fondo Especial para la Ganadería y el Sector Lechero, apostando por la innovación, la tecnificación y el emprendimiento rural.
En el caso de nuestro gobierno en Nuevo León, a través de la Sedra, los programas de apoyo al campo en 2025 se concentraron en el fortalecimiento ganadero, que representa el 70% de la producción agropecuaria del estado y genera un PIB agroalimentario de 124 mil 405 millones de pesos, con apoyos como el incremento en la adquisición de sementales de 17 mil a 25 mil pesos por ejemplar y, por primera vez, un apoyo de 5 mil pesos por vaquilla de registro. Para este 2026, dichos programas se complementan con un Programa de Inversión Rural enfocado en infraestructura y equipamiento para modernizar las actividades agropecuarias, en beneficio de los más de 238 mil habitantes del medio rural que dependen del campo en el estado.
Otras entidades del país como Guanajuato, Sinaloa o Chihuahua han desarrollado políticas locales para compensar la falta de apoyos federales, particularmente para resolver temas de infraestructura hidráulica, apoyo a los comerciantes y al sector agrícola.
En paralelo, la defensa del campo recae en asociaciones, organizaciones de la sociedad civil, uniones de productores, cooperativas, organismos empresariales y agrupaciones campesinas, que son las que levantan la voz ante los recortes y las faltas de apoyo en diversos rubros. De no ser por ellos, difícilmente se visibilizarían los problemas.
Que el campo no sea uno de los factores relevantes en la agenda nacional, nos resulta incomprensible. No es un sector más, es seguridad alimentaria, es empleo, es territorio y es identidad. Es, literalmente, lo que comemos cada día.
El campo no debe ser promesa de campaña, debe ser política de Estado y hay que mirar hacia allá con urgencia. La pregunta está en el aire: si no es el Gobierno federal, ni es el Legislativo, ¿quién va a defender al campo en México?
Fuente: El Heraldo de México